jueves, octubre 12, 2006

Pepita la despiadada

Pepita se disponía a poner el primer examen de su vida. Un poco precipitado, para ella. Pero la próxima semana había que dar un informe a los padres de si sus hijos corrían riesgo de suspender en alguna asignatura. Ese informe se llamaba preevaluación y (como le había explicado la jefa de estudios) era como si se tomara la temperatura a los niños. No le comprometía a nada, excepto a informar de cómo estaban los alumnos académicamente en ese momento.

Pepita preparó lo que era un auténtico test para ella de un modo concienzudo. Incluso se lo enseñó a Nieves Trujillo, una profesora con la que compartía croissants sin cuernos algunos días.

Quiso poner instrucciones muy claras y en mayúsculas para sus monstruitos de primero para que no la atiborraran a preguntas:
USEN UN BOLÍGRAFO AZUL O NEGRO.
NO HABLEN CON NADIE.
ESCRIBAN CON LA LETRA CLARA.
GUARDAR LIBROS Y TODO LO QUE NO SEA MATERIAL DE ESCRITURA BAJO LA MESA.


Por supuesto los monstruitos de primero tenían otras preguntas debajo de la manga:
-¿Se puede usar tippex?
-¿No nos vas a decir nada?
-Mírate esto. ¿Lo estoy haciendo bien?


Pero lo realmente interesante del estreno estaba por venir aún. Efraín se levantó cuando habían transcurrido sólo 20 minutos con la nariz tapada. Era una hemorragia nasal lo que había tenido el mal gusto de mostrarle. Pidió permiso para salir y salió.

-¿Adonde ha ido el Efra, señu? Inquirió un niño que se llamaba Andryu y que pese a su temprana edad ya vestía de arriba abajo como un protagonista de Grand Theft Auto.
-¡Le ha salido sangre, imbécil chandalero! Era Rebeca con su tono angelical de siempre.
-¡Pero a lo mejor aprovecha y se copia!, se quejaba Ainhoíta del Arroyo con sus berridos de episodio de los Morancos.

Pepita pegó un grito (no era el primero: se lo había aconsejado otra amiga de los blogs, Julieta. Políticamente incorrecto pero efectivo) y se calmó la cosa durante un tiempo.

Sólo durante un tiempo porque Ainhoíta había dado, sin querer, una excusa perfecta a Andryu para salir, de modo que empezó a pincharse las encías con la aguja de un compás para que le saliera sangre.

Pepita no dejó salir a Andryu, y se ganó el apodo de “la despiadada”. El apelativo fue idea del propio Andryu, inspirado en la telenovela favorita de su madre.

1 Comments:

At 4:08 p. m., Blogger julieta2006 said...

¿Dije gritar? Igual tendría que haber dicho "hazles llorar". Es broma. Sólo hay una forma de poder con esto, bueno, dos. La primera, llamar a la "super nanny" y la segunda, recordar todo, todo el rato, que tú eres mucho más listo; hacer que se note y, una vez evidenciado, sonreír.

 

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